¿Cómo las emociones transforman nuestro aprendizaje?
Aprender no es sólo memorizar datos o repetir información: las emociones juegan un papel fundamental en cómo procesamos y retenemos conocimientos. Cada experiencia que vivimos activa circuitos...
Aprender no es sólo memorizar datos o repetir información: las emociones juegan un papel fundamental en cómo procesamos y retenemos conocimientos. Cada experiencia que vivimos activa circuitos emocionales en nuestro cerebro, haciendo que recordemos mejor aquello que nos genera interés, curiosidad o entusiasmo. Comprender esta conexión entre emociones y aprendizaje es clave no solo para los estudiantes, sino para cualquier persona que busque mejorar su forma de aprender y enseñar.
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¿Cómo aprende el cerebro humano?
El cerebro humano es una máquina preparada para aprender desde que nacemos. Según David Bueno en su charla Aprender juntos (BBVA, YouTube), nuestro cerebro aprende principalmente por medio de conexiones neuronales, siendo la neurona la célula clave para el aprendizaje. El cerebro tiene aproximadamente 80 billones de neuronas, y cada una actúa como un nodo dentro de una compleja red que procesa, transmite y almacena información.
Cuando experimentamos algo nuevo, el cerebro, instintivamente y por su propia naturaleza de aprendizaje, crea, modifica y extiende redes neuronales. Cada neurona tiene un soma o cuerpo celular, que centraliza la información, axones, que actúan como brazos transmitiendo mensajes a otras neuronas, y dendritas, que reciben información de otras neuronas o de los sensores del cuerpo, como la vista, el oído o el tacto.
Esta información puede ser procesada, transmitida o reforzada en nuevas conexiones, formando redes neuronales cada vez más complejas, que constituyen la base de todo aprendizaje. Así, cada experiencia, desde un dato nuevo hasta una emoción intensa, modifica la estructura de nuestro cerebro y fortalece nuestra capacidad de aprender.
Qué es el aprendizaje emocional
El aprendizaje emocional se refiere a la adquisición de conocimientos o habilidades cuando nuestras emociones participan activamente en el proceso. El cerebro no separa los sentimientos de la información; por el contrario, las emociones actúan como marcadores que nos ayudan a priorizar y retener la información importante. Cuando sentimos alegría, sorpresa o curiosidad, nuestro cerebro libera neurotransmisores como la dopamina, que fortalecen las conexiones neuronales y facilitan la memoria a largo plazo.
En la educación, esto significa que un estudiante que se siente motivado y conectado emocionalmente con el contenido aprenderá más y mejor que otro que estudia de manera puramente mecánica. Incluso pequeñas emociones positivas, como la satisfacción al completar una tarea o la curiosidad por descubrir un dato interesante, pueden marcar la diferencia en la retención de información.
¿Cómo influyen las emociones en la memoria?
Numerosos estudios en neurociencia demuestran que los recuerdos más duraderos suelen estar acompañados de emociones intensas. Por ejemplo, un estudiante que experimenta alegría o entusiasmo al resolver un problema matemático difícil, recordará la técnica utilizada mucho mejor que si simplemente la hubiera memorizado sin emoción. Por otro lado, emociones negativas como miedo, ansiedad o frustración pueden dificultar la concentración, bloquear la memoria y disminuir la motivación para aprender.
El cerebro procesa la información de manera diferente dependiendo de la carga emocional. La amígdala, un área clave del sistema límbico (área cerebral medial o cerebro medio), se encarga de evaluar la intensidad emocional de las experiencias y enviar señales al hipocampo, que es responsable de la memoria. Cuando la amígdala se activa positivamente, la información se graba de forma más eficiente y duradera.
Estrategias para aprender mejor con emociones
Existen diversas formas de aprovechar el poder de las emociones para potenciar el aprendizaje:
- Relacionar los contenidos con experiencias personales: conectar la información con vivencias propias activa emociones y facilita la comprensión y el recuerdo.
- Usar la curiosidad como motivación: plantear desafíos, preguntas o problemas que despierten interés aumenta la atención y la retención de conocimientos.
- Incorporar actividades lúdicas: juegos, dinámicas grupales y experiencias prácticas generan emociones positivas que fortalecen la memoria.
- Reconocer logros y avances: celebrar pequeños éxitos, aunque sean mínimos, refuerza la autoestima y la motivación para seguir aprendiendo.
- Crear un ambiente de aprendizaje seguro: un entorno libre de estrés, bullying o presión excesiva permite que las emociones positivas florezcan y favorecen la concentración.
La neurociencia detrás de las emociones y el aprendizaje
Como habíamos dicho en otro artículo la Neurociencia es el estudio del Sistema Nervioso Central y en especial el cerebro. El sistema límbico, especialmente la amígdala, es el centro de procesamiento de las emociones. Cuando vivimos una experiencia emocional, la amígdala envía señales al hipocampo y a la corteza prefrontal, que son responsables de la memoria y la toma de decisiones. Esta interacción asegura que la información asociada a emociones significativas se almacene de manera más eficiente.
Investigaciones recientes demuestran que los estudiantes aprenden más rápido y retienen más información cuando se involucran emocionalmente en el proceso educativo. (1) Por ejemplo, un estudio de Francisco Mora muestra que la motivación, el interés y la curiosidad son determinantes para consolidar la memoria y mejorar el rendimiento académico. (Mora 2013)
Aplicaciones en la educación moderna
Los educadores pueden aprovechar este conocimiento diseñando clases más dinámicas e integrando emociones positivas en el aprendizaje. Esto incluye:
- Usar ejemplos y relatos que conecten con la vida cotidiana del estudiante.
- Plantear preguntas abiertas que generen reflexión y debate.
- Incorporar actividades prácticas y colaborativas que despierten interés.
- Ofrecer retroalimentación constructiva que refuerce la confianza y la autoestima.
La neuroeducación busca justamente esto: combinar la ciencia del cerebro con la pedagogía para crear entornos de aprendizaje más efectivos y humanos. Comprender que las emociones potencian el aprendizaje permite diseñar estrategias educativas que no solo transmitan conocimientos, sino que también fomenten motivación, curiosidad y bienestar emocional.
Conclusión
Aprender no es solo memorizar información; es experimentar, sentir y conectar los conocimientos con nuestra vida y emociones. Las emociones no solo influyen en cómo recordamos, sino que también determinan nuestra motivación, atención y disposición para seguir aprendiendo. Por eso, educar con conciencia emocional no es un lujo, sino una necesidad para crear estudiantes más felices, motivados y preparados para enfrentar los desafíos de la vida.
Francisco Javier Samudio Rojas
Licenciado en Psicopedagogía
Docente catedrático de Psicología
Evaluador educativo.
Bibliografía
- (1) https://polodelconocimiento.com/ojs/index.php/es/article/view/9516/html?utm
- Facundo Manes, Neurociencia para la educación, Editorial Paidós, 2015
- Francisco Mora, Neuroeducación: solo se aprende aquello que se ama, Editorial Alianza, 2013
- Google Académico: artículos sobre “emociones y aprendizaje” en español, disponibles en: https://scholar.google.com